Las alergias y los niños: cómo combatirlas

08-05-2018

En los últimos años hay cada vez más casos de alergias en la población. Tanto los adultos como los niños se ven afectados, pero en el caso de los pequeños tenemos que extremar las precauciones, porque las alergias infantiles son cada vez más intensas y más duraderas.

A veces los pequeños heredan algunas alergias de sus padres o desarrollan otras que nada tienen que ver con las primeras. En estos casos hablaríamos de alergias asociadas a factores medioambientales. Para evitarlas es importante que los bebés hayan podido disfrutar de la lactancia materna exclusiva al menos durante sus seis primeros meses de vida, pues la madre le confiere a su hijo una especie de escudo protector, pero ni siquiera en estos casos podemos evitar que en ocasiones el niño se vea afectado igualmente.

Entonces, ¿qué es la alergia? Hablamos de alergia cuando el organismo sufre una reacción exagerada ante un alérgeno y el sistema inmunitario se descontrola para hacerle frente. Cualquier sustancia -polvo, polen, alimentos, insectos, ácaros- puede funcionar como un alérgeno. El cuerpo del alérgico se defiende del invasor provocando síntomas muy variados: picores, rojeces, sarpullidos, diarreas, vómitos e incluso, en los casos más graves, una reacción anafiláctica, que pone al paciente en una situación crítica y que podría resultar mortal.

Está claro que las alergias no pueden evitarse ni curarse, pero sí que podemos prevenir que aparezcan o al menos paliar los síntomas que nos producen. Las alergias pueden aparecer desde la infancia más temprana y durar un periodo determinado o toda la vida. Pero también pueden surgir en personas adultas que jamás han sido alérgicas y no seguir ningún patrón, de manera que nunca se sabe cuándo van a aparecer, cuánto tiempo van a durar y si van a repetirse sistemáticamente o no. La buena noticia es que en el caso de las alergias infantiles es bastante común que desaparezcan conforme los pequeños van creciendo.

¿Cuáles son las alergias más frecuentes en los niños? Las primeras a las que los padres se suelen referir son las alimentarias, porque aparecen en cuanto comienza la alimentación complementaria, entre los seis y los ocho meses habitualmente. Las más habituales son a la proteína de la leche de vaca, que afectará al alérgico cuando tome leche de vaca y cualquiera de sus derivados, seguida del huevo y el pescado. En el caso de la leche y el huevo suelen acabar desapareciendo con el tiempo, aunque no siempre, pero con el pescado es más frecuente que permanezca toda la vida.

Más adelante, cuando los niños alcanzan la edad de comer frutos secos -son peligrosos antes de los tres años de edad por peligro de atragantamiento-, es cuando podemos advertir la aparición de la alergia a los cacahuetes y otros frutos de cáscara. También hay frutas más alérgicas que otras, como el melocotón o la fresa, y hay ciertos alimentos que en contacto con el ambiente o tras seguir una cadena de conservación defectuosa pueden generar histamina por sí mismos, de manera que los pequeños pueden presentar rojeces alrededor de la boca al comerlos y no necesariamente sufrir alergia a los mismos -hablaríamos del tomate, la berenjena o el atún, por ejemplo-. 

Es importante que la introducción de los nuevos alimentos se haga de uno en uno y que los padres llevéis un registro minucioso. Suele ser recomendable ofrecer al niño el alimento durante tres días seguidos para asegurarnos de su tolerancia, y pasar entonces al siguiente.

Relacionada a veces -pero no siempre- con las alergias alimentarias, tendríamos la dermatitis atópica, una de las más frecuentes. Es una enfermedad inflamatoria de la piel caracterizada por una erupción que surge al exponerla a factores irritantes. Para evitarla lo mejor es lavar la ropa del bebé con detergentes sin suavizante, para pieles sensibles, sin perfumes. 

En cuanto a las alergias respiratorias, la rinitis alérgica es la más habitual, y los alérgenos que la provocan son desde los ácaros hasta los animales domésticos, pasando por el polen. Para evitarla necesitamos mantener el ambiente donde se mueve el niño limpio, utilizar aspiradores con filtro HEPA y cepillar bien a las mascotas de la casa.

Dependiendo de la alergia que sufra nuestro pequeño haremos unas cosas u otras, pero en cualquier caso las que hemos mencionado nos ayudarán a mantener, dentro de nuestras posibilidades, a las alergias alejadas de los reyes de la casa.