¿Puedo jugar fuera mamá?

05-06-2018

Las ventajas del juego al aire libre, sobre todo ahora que comienza el buen tiempo, son innegables. Permite a los niños una libertad y una autonomía que son difíciles de conseguir encerrados en casa, y además permiten el contacto con otros niños que no son de la familia, lo que favorece la socialización.

Pero da miedo, ¿verdad? Cuando los pequeños salen fuera los padres tienen que andarse con mil ojos. Es fácil sentir que se pierde el control de los niños. El miedo aparece cuando los vigilantes temen que en un descuido los niños se escapen y acaben irrumpiendo en una carretera en busca de un balón perdido, o cuando la imaginación sugiere la posibilidad de que se rompan varios huesos si trepan a un lugar alto y caen desde allí.

Algunos padres manifiestan preocupaciones de un tipo más violento: temen un secuestro, un accidente mortal... es inevitable que alguna vez, viendo las noticias, todos empaticemos con las víctimas de estas situaciones y nos imaginemos lo terrible que sería que les pasara a nuestros hijos. Pero lo cierto es que no podemos meter a los hijos en una burbuja, y la mayoría de lo que se imagina es sólo eso, imaginación.

Por todos estos temores -la mayoría exagerados en la mente de los cuidadores-, muchos padres limitan las salidas. Intentan proveer a los niños de ambientes estimulantes y actividades que puedan realizar dentro de casa para evitar la tensión constante que supone una vigilancia sin fisuras. 

En casa, cuando los pequeños tienen una edad en la que ya son más autónomos y juegan solos, si además tenemos la casa correctamente protegida, es más fácil dejarlos jugando tranquilamente en una habitación, o en varias, mientras los adultos se ocupan de sus propios asuntos: trabajo atrasado, limpieza del hogar, una colada pendiente... 

Pero el juego al aire libre tiene muchas ventajas de las que carecen los espacios cubiertos:

  • Los niños pueden explorar, imaginar que los lugares son símbolos de otros inventados.
  • Los pequeños pueden hacer ejercicio físico con una intensidad que sería impensable en una casa: pueden correr, saltar, trepar...
  • Pueden jugar con los elementos de la naturaleza: la tierra, los árboles, la hierba y las flores, el agua... y sienten el viento en la cara, además de disfrutar de la vitamina D del sol.
  • La felicidad de una tarde en el parque con los amigos no se puede comparar con el juego interior solitario.
  • Liberan la tensión acumulada en el colegio y en casa, y se sienten más libres al no tener que estar quietos y callados, al poder ensuciarse...
  • Ganan en confianza y en seguridad en sí mismos al tener que resolver sus propios problemas y tomar sus propias decisiones, sin contar con los adultos para ellos, y manejando las relaciones con sus iguales como ellos desean, sin normas de cortesía por en medio.
  • Ponen en práctica sus habilidades y las desarrollan mientras socializan con otros niños de su edad, más pequeños y más mayores. 
  • Aumentan su autoestima porque sus padres no están todo el tiempo resolviendo las situaciones que se les presentan, y tienen que demostrar su autonomía y conseguir sus metas sin ayuda.
  • Estar un poco alejados de sus padres -que aunque vigilen no están encima todo el tiempo- les permite relajarse, disfrutar y divertirse de una manera diferente porque se sienten más libres.
  • El juego libre les vuelve más creativos porque un parque y sus elementos pueden convertirse en cualquier cosa, y los niños son especialistas en abstraerse de la realidad y crear su propia realidad paralela mientras juegan.
  • Aprenden a compartir, a dialogar, a jugar en equipo, a establecer normas democráticas entre ellos...

Son innumerables los beneficios que tiene el juego en el exterior, y si permitimos que nuestros hijos disfruten de ello estaremos luchando también contra la obesidad infantil

Eso sí, es importante que los adultos no se despisten: la vigilancia debe ser estrecha para evitar accidentes y disgustos. Y otra regla importantísima: los adultos no deben intervenir en el juego de los niños, ni para poner reglas, ni para recordar reglas de casa, ni para nada que no suponga un peligro real. El momento de juego al aire libre es para que los niños experimenten y aprendan de sus propios errores y los padres deben limitarse a observar.

¿Vais a permitir que los niños se pierdan la diversión? Consultad las fantásticas propuestas que tenemos para que salgan a jugar!